Estaba hecho polvo corrigiendo el simulacro y me he estirado un rato en el suelo para recuperar la calma y coger fuerzas. Y ha sido efectivo. Necesitaba ser consciente, aunque fuera por unos segundos, de que esto se está acabando. Han sido muchos meses de esfuerzo, el resultado será uno u otro y ya me da igual ahora mismo. Sé que me he esforzado mucho y por eso me siento bien. Al mismo tiempo me doy cuenta de que he de dar lo mejor de mí mismo en estos quince días que quedan. A partir de entonces ya podré ir haciendo las cosas con calma, una tras otra. Reír, llorar, correr, tocar todos los instrumentos del mundo, viajar, leer, reflexionar más tiempo y más pausadamente, llegar a las profundidades de la sabiduría hablando con mis amigos...
¡Ya queda menos para ver la luz!